Avería

averiaEs que al primer revoloteo

de hojas con papeles

en esa piel de venas muertas

vieron palidecer el verano.

Por eso les dolía el costado

por donde un sol de acha

los había partido.

Esa luz que a veces es un grito

se agarró a las veredas

para que no le arrancaran el pelo,

tragó el llanto con café,

se armó una máscara

con dos puños negros.

Tropezó con sus ojos subexpuestos

el descuido del verdugo,

y tanto lo aterró

su propio cuchillo

que lo dejó mudo

por el tiempo que quedaba.

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