Leyenda del Río Chubut

para Santiago Maldonado,

sin ninguna pretensión que no sea una flor, un abrazo

Lo divisaron libre, ciervo colorado,

lo persiguieron en sangre y susto,

más solo entre las ramas,

avanzaron negros, padres

en botas de envidia negras

a balazos lo cazaron, hijos.

Por ser tan libre, Hijo.

Por más que no supiera el río,

imaginar era su magia,

así que él mismo se pensó en aguas,

se metió buscando aire y vida,

en algún punto del lecho fue salmón,

destino de los incansables

siempre de cabeza contra la corriente.

Se remitió, igual que si en la tierra

y por la tierra luchar fuera pecado

que por violencia mereciera en cada gota

limpiarse a contrarrío. A contramuerte.

Antes de pescarlo, ya se lo habían comido

y repartido, culpándose de una orilla a otra

por haberlo cazado, celebrado, escondido, aprovechado.

Mientras todas las lágrimas bajaban a buscarlo,

los sabios declararon que no hay fuerza natural

capaz de empujar a tanto pez hasta el Alto Chubut,

o, en cambio, que de un animal más que raro se trataba,

y alguien aseguró haberlo visto

mientras se reía y cantaba más allá de otra frontera.

Hubo quien dijo que total no existía, nunca existió

y por lo tanto no se podía encontrar,

pero sí se podía odiar, fuera pez u otra bestia sin temor a ley.

Parece que al final ni siquiera fue pescado.

Apareció, río arriba, en barro y huesos,

cuerpo sagrado para quien lo quiso,

carne envenenada para sus verdugos.

No Comments

Post A Comment

Questo sito usa Akismet per ridurre lo spam. Scopri come i tuoi dati vengono elaborati.